domingo, 27 de dezembro de 2009

O grande 'romance' da guerra civil




La gran 'novela' de la Guerra Civil

Se publica por primera vez sin censurar el libro con el que Juan Ramón Jiménez quiso demostrar su inequívoco compromiso con la República española

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 27/12/2009

"¿Qué deben hacer los poetas en la guerra?". Ésta es la pregunta que desde el 18 de julio de 1936 asaltó a Juan Ramón Jiménez. Y ésta es su respuesta: "La poesía como todo lo esencial es eterna, no se modifica con las circunstancias. En todo caso, el poeta cumplirá con su deber y su conciencia, dejando, si es preciso, su trabajo literario propio de la paz, y poniéndose con su ideal.

"¿Qué deben hacer los poetas en la guerra?". Ésta es la pregunta que desde el 18 de julio de 1936 asaltó a Juan Ramón Jiménez. Y ésta es su respuesta: "La poesía como todo lo esencial es eterna, no se modifica con las circunstancias. En todo caso, el poeta cumplirá con su deber y su conciencia, dejando, si es preciso, su trabajo literario propio de la paz, y poniéndose con su ideal. Y su ejemplo". Para el autor de Platero y yo siempre estuvo clara la labor de un escritor "si no puede pelear con los puños": como artista, escribir lo mejor que sepa; como ciudadano, arrimar el hombro cuanto pueda. Sin mezclar jamás ambas cosas, sin confundir la pluma con una pistola y, sobre todo, sin dejar que la primera se beneficie de la autoridad de la segunda: "Nosotros ¡los intelectuales! Etc. Debemos ayudar al Gobierno y al pueblo; no ellos a nosotros".

Para Juan Ramón, un poeta puede morir "en la guerra" o "de la guerra" como Lorca, Machado o Miguel Hernández, pero no dedicarse a dar lecciones en la retaguardia. Y critica a León Felipe al saber que ha acudido a una cena de la Embajada de México en Madrid envuelto en el abrigo de pieles de un duque asesinado "y jactándose de ello con vociferación y bromita". El abrigo y la comida, dice, les hubieran venido mejor a los pobres milicianos "que morían gangrenados" en el frente de Teruel. "No se deben celebrar con banquetes los triunfos de la muerte", escribe. Y también: "O no gritar tanto o irse a las trincheras".

Juan Ramón Jiménez (1881- 1958) fue un hombre transparente y de convicciones rocosas, pero poco dotado para sobrevivir en un mundo de maniqueos. "Comunista individualista" se llamaba a sí mismo. Mucho menos en un tiempo en el que la brutalidad del blanco y negro se llevó por delante todos los matices. Exiliado de primera hora, vio desde su destierro americano cómo en España su figura era pasto de la caricatura. Para los sublevados era un vivalavirgen amante de la molicie y "el desinterés por las cosas feas materiales" que se paseaba por California estrenando "los últimos modelos de automóviles salidos de las fábricas USA". Para los más ruidosos del bando republicano era un cursi hiperestésico mantenido por su mujer que, mareado por el olor de la sangre, prefirió mirar para otro lado.

Consciente de la tormenta de mentiras y tópicos que se le venía encima, el escritor decidió contar en un libro la verdad de su compromiso con la República. Para ello se dedicó a recopilar materiales propios y ajenos -poemas, notas de diario, artículos, cartas y recortes de periódico- destinados a alimentar un volumen titulado Guerra en España. Nunca llegó a verlo publicado. Murió en Puerto Rico en 1958, dos años después de recibir el Premio Nobel. Guerra en España vio la luz por primera vez, aunque notablemente expurgado, en 1985. La edición corrió a cargo del poeta y traductor Ángel Crespo, que tuvo que reducir notablemente el primer manuscrito a petición de Seix Barral. Casi un cuarto de siglo después, la editorial sevillana Point de Lunettes publica el libro completo: 880 páginas frente a las 335 de la primera edición, 150 imágenes frente a 27.

Su lectura no deja ninguna duda respecto al apoyo del poeta de Moguer al Gobierno republicano. Si en tiempos de paz se había negado a firmar manifiesto alguno por considerarse ajeno a todo partido político, el 30 de julio de 1936 no duda en firmar un escrito en apoyo a la República y "al pueblo que con heroísmo ejemplar lucha por sus libertades". Pasado el tiempo, del recorte de prensa que da la noticia del manifiesto tachó los nombres de los que habían vuelto a España antes de 1945: Menéndez Pidal, Gregorio Marañón y Pérez de Ayala, entre otros.

Pero el compromiso del poeta fue más allá de firmar manifiestos o de ofrecerse (sin demasiado éxito) a varios ministros del Gobierno para que dispusieran de toda la energía de un hombre enfermizo de 55 años. Al poco de estallar la guerra, él y su esposa, Zenobia Camprubí, acogieron a 12 niños en uno de los pisos que alquilaba ésta en Madrid. Cuando se acabaron las patatas y la leche condensada del Gobierno, el matrimonio empeñó parte de sus enseres para seguir manteniéndolos. No sería la primera vez que comprometieron su patrimonio. Cuando en 1937 Espasa Calpe rescindió los contratos de todos los escritores leales a la República, él, ya en el exilio, rompió el suyo con la filial argentina de la editorial. Aquel contrato era su única seguridad económica. Zenobia lo dijo con estas palabras: "Económicamente, la guerra nos ha dejado... como a casi todo el que ha tenido vergüenza".

En agosto de 1936 el poeta marchó al exilio. A su llegada a Nueva York organizó una colecta a favor de los niños refugiados e intentó movilizar a la opinión pública -trató incluso de ver al presidente Roosevelt- a favor de la República española para contrarrestar la propaganda franquista. Es lo que hizo en las otras etapas de su destierro: Puerto Rico y Cuba. "Lo que en España defienden ahora el ejército y el clero, ayudados por las clases 'privilegiadas', digan ellos lo que digan para ganar la opinión universal, no es, no será, o mejor, no sería más que un nuevo feudalismo".

Si para Soledad González Ródenas, autora de la edición ampliada de Guerra en España es "más un archivo que un libro", para Andrés Trapiello se trata de "la gran novela de la Guerra Civil española". "Al menos lo sería si no fuese porque todo en el libro es demasiado verdadero: el miedo, la indignidad de muchos intelectuales...", matiza el escritor, que en primavera publicará una versión ampliada de su ensayo Las armas y las letras, un clásico ya sobre el papel de los escritores durante la contienda. "Las novelas sobre la guerra han envejecido peor que los libros de memorias de muchos testigos", continúa Trapiello, para el que Juan Ramón Jiménez "tuvo la suerte de poder elegir y la decencia de no cambiar. Murió en el mismo bando en el que siempre estuvo".

(Cultura, El País, 27/12/2009)

quarta-feira, 23 de dezembro de 2009

Descobri o problema!

A Cristina optou por ter internet móvel, para ter internet independente, quando viaja. Por isso é tão lenta...

Sorry, pessoal, mas num guento essa moleza toda, acabo me dedicando a apenas um dos blogs...

terça-feira, 22 de dezembro de 2009

Cortázar ilustrado




Una pequeña 'Rayuela' en dibujos

José Muñoz ilustra 'El perseguidor' de Cortázar en el 50 aniversario de su publicación - El relato se basa en los últimos días del legendario Charlie Parker

ALBERTO DEL CAMPO - Madrid - 22/12/2009

"Demasiado frágil para durar", como lo definió el trompetista Dizzy Gillespie. A Charlie Parker le bastaron 34 años de vida para renovar la estética del jazz y convulsionar la concepción que del estilo existía hasta los cuarenta. Cinco años después de su muerte, Julio Cortázar homenajeó su fugaz existencia con El perseguidor, relato centrado en la última época del impulsor del bebop, marcada por su autodestrucción obsesiva y la búsqueda constante de la belleza.

Medio siglo después de su publicación, se edita por primera vez una versión ilustrada de la novelita que ha embaucado a generaciones de aficionados, a cargo del dibujante José Muñoz (Buenos Aires, 1942), y editada por Libros del Zorro Rojo.

"Nunca he dejado de ilustrar a Cortázar aunque fue él quien primero me ilustró a mí. Fue un faro que me iluminó en mi juventud durante los 60", explica Muñoz, mientras señala algunos de sus dibujos, expuestos hasta el 7 de enero en la sala Sins Entido de Madrid.

Como Charlie Parker, Johnny Carter -el álter ego del cuento- se ve empujado a avanzar aunque nadie entienda qué es exactamente lo que persigue. Cortázar juega con otros elementos de la vida del saxofonista y transforma en París el Nueva York de sus últimos días; la heroína a la que es adicto, en marihuana; el éxtasis de la grabación en los estudios de Dial de Lover man, en una pieza llamada Amorous.

Muñoz reconoce la dificultad de ilustrar ese "diapasón enloquecido" que mueve a Johnny Carter, pese a que ya hizo un trabajo similar en 1992 con Billie Holiday. Entonces recreó junto al escritor y crítico de jazz Carlos Sampayo otra historia de vida veloz y muerte temprana.

Maestro del blanco y negro y ganador del gran premio del Festival de Angulema de 2007, una de las citas más prestigiosas del mundo del cómic, Muñoz traslada vida frenética del protagonista y el ritmo del bebop a sus dibujos, cargados de fuerza y expresividad. "Cuando hice las primeras ilustraciones me pareció que Parker había entrado en mi departamentito pequeño de París. Entonces una sensación interna me impidió dibujar durante un tiempo", recuerda el artista, que ha empleado un año en la veintena de ilustraciones que arropan su versión de El perseguidor.

La esencia de este relato la explicaba Cortázar casi al final de su vida: "El perseguidor es la pequeña Rayuela. En principio están ya contenidos allí los problemas de Rayuela. El problema de un hombre que descubre de golpe, Johnny en un caso y Oliveira en el otro, que una fatalidad biológica lo ha hecho nacer y lo ha metido en un mundo que él no acepta, Johnny por sus motivos y Oliveira por motivos más intelectuales, más elaborados, más metafísicos. Pero se parecen mucho. Johnny y Oliveira son dos individuos que cuestionan, que ponen en crisis, que niegan lo que la gran mayoría acepta por una especie de fatalidad histórica y social. Entran en el juego, viven su vida, nacen, viven y mueren. Ellos dos no están de acuerdo y los dos tienen un destino trágico porque están en contra. Se oponen por motivos diferentes".

¿Y qué diría ahora Cortázar de esta edición de El perseguidor? Muñoz cita a otros genios de la literatura argentina, lo que Borges dijo de Lugones, para exponer su punto de vista (y su deseo): "Me gustaría creer que le habría gustado".

(Cultura, El País, 22/12/2009)

domingo, 20 de dezembro de 2009

E agora, onde estás, Federico?



REPORTAJE: Memoria revisada de García Lorca

¿Y ahora dónde estás, Federico?

El fracaso de la búsqueda de Lorca en la fosa de Alfacar abre el cajón de las teorías sobre cómo y dónde murió: podría yacer a pocos metros o en el Valle de los Caídos

NATALIA JUNQUERA - Madrid - 20/12/2009

Manuel Castilla, Manolillo El Comunista, era camarero. Antes de eso, había hecho unos trabajos de enterrador. Y habría pasado totalmente desapercibido para la historia si no hubiera llevado tres veces a dos hombres al lugar al que deseaban ir por encima de cualquier otra cosa: la fosa de Federico García Lorca.

Manuel Castilla, Manolillo El Comunista, era camarero. Antes de eso, había hecho unos trabajos de enterrador. Y habría pasado totalmente desapercibido para la historia si no hubiera llevado tres veces a dos hombres al lugar al que deseaban ir por encima de cualquier otra cosa: la fosa de Federico García Lorca. Al primero, en 1956. Se llamaba Agustín Penón y había viajado desde EE UU a Alfacar para averiguar todo cuanto pudiera sobre la muerte del poeta. Al segundo, Ian Gibson, en 1966 y en 1976. Penón quiso pagarle y Manuel Castilla se negó. "No me pidió dinero", explicó el jueves Gibson, ante la inminencia del desengaño. Un equipo de arqueólogos ha buscado en ese lugar durante 47 días a Federico García Lorca y no lo ha encontrado. Ni rastro del poeta, ni huellas de un enterramiento. O Manolo El Comunista mintió o se equivocó. Tres veces.

Es la duda que ahora atormenta a un investigador que ha construido 45 años de trabajo sobre aquel paseo con el camarero que decía haber enterrado a Lorca. Él cree que no le mintió: "No ganaba nada", explica. También le creyó Agustín Penón porque después de escuchar durante dos años de investigación todo tipo de teorías sobre las circunstancias y el lugar de la muerte del poeta -incluida la del hombre que fue a detenerlo a casa de los Rosales, Ramón Ruiz Alonso- se quedó con el testimonio de Manuel Castilla por encima de cualquier otro. La fuente no podía ser más directa, era el hombre que había enterrado los cuerpos.

Pero Lorca no está allí. Puede yacer a escasísimos metros del lugar donde lo han estado buscando durante mes y medio o puede estar muy lejos, en Madrid, enterrado junto al verdugo en el Valle de los Caídos. La exhumación sin éxito en Alfacar ha resucitado todas las teorías sobre la muerte del poeta. Son muchas y llevan 73 años alimentando un mito. Y ahora, ¿dónde estás, Federico?

Quizás la alternativa más sólida al lugar que hasta ahora parecía más seguro (donde se construyó el parque Federico García Lorca, el que señaló Manolo El Comunista) es la que dice que fue enterrado en un paraje llamado El Caracolar. Incluso tiene categoría jurídica, aunque sólo sea porque el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón la tuvo sobre su mesa cuando decidió abrir una causa contra el franquismo y ordenar la apertura de fosas de la Guerra Civil, entre ellas la de Lorca. Está a sólo 430 metros del lugar donde los arqueólogos han estado buscando el pasado mes y medio.

"Yo estoy convencido de que está ahí. Ya sabía que no iban a encontrar nada en Alfacar", cuenta, ufano, Francisco González Arroyo, historiador y ex presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada, la que ha impulsado la apertura de la fosa. "Me baso en mi propia investigación y en los testimonios recogidos por Agustín Penón y Eduardo Molina Fajardo

[falangista autor del libro Los últimos días de Federico García Lorca]. El que indica este lugar es un testigo de los fusilamientos, que vivía en Las Colonias

[la casa habilitada como prisión donde Lorca pasó sus últimas horas de vida]".

"Se llamaba Valentín Huete. Vivía en Las Colonias con su mujer, Carmen, y veía el trajín de víctimas entrando y saliendo para ser fusilados. Cuando entraba un pez gordo, es decir, un catedrático por ejemplo, se enteraba y aquel día sí que era alguien muy gordo. Yo le había preguntado varias veces dónde estaba Federico y él siempre me decía: 'niño, yo de esas cosas no puedo hablar', hasta que un día, de tanto insistir me dijo: 'en aquellos olivillos que hay delante de El Caracolar", relata González Arroyo.

Casi todas las teorías alternativas señalan lugares muy próximos al sitio donde han estado buscando, como El Caracolar o el barranco de Víznar, donde hay enterrados cerca de 3.000 fusilados.

A El Caracolar también se dirigió Eduardo Molina Fajardo, falangista, periodista y director de diario Patria, cuyo primer número salió el 29 de agosto de 1936, apenas diez días después del asesinato de Lorca. Molina Fajardo defendió hasta su muerte que los falangistas no habían tenido nada que ver en la muerte de Federico Gacía Lorca.

El investigador Miguel Caballero cree, sin embargo, que en el desenlace final de la detención de Lorca tuvo mucho que ver que aquel día sustituía al gobermador civil de Granada, José Valdés Guzmán, camisa vieja de Falange, el teniente coronel Velasco. "Le tenía ganas por el Romance de la Guardia Civil", añade.

Caballero es autor junto a Pilar Góngora de otro libro con una nueva tesis sobre la muerte del poeta con el ambicioso título de La verdad sobre el asesinato de García Lorca. Historia de una familia", que inspiró el documental Lorca, el mar deja de moverse, de Emilio Ruiz Barrachina. Según esta investigación, el caso de Lorca no fue diferente al de otros tantos al principio del conflicto, cuando el levantamiento militar fue utilizado como un método para zanjar viejas rencillas por lindes de tierras con denuncias falsas y fatales.

"Yo estaba investigando cómo el padre de Lorca había construido su patrimonio en los protocolos notariales, para lo que necesitamos un poder notarial de la famila Lorca y cuatro años de trabajo. Iba a ser una tesis pero se convirtió en algo más. Hasta el punto de que descubrimos que el asesinato de Lorca se debió a las rencillas familiares que tenían por temas económicos", revela.

Para elaborar esta teoría de la conspiración familiar en el asesinato del poeta, el investigador se remontó al siglo XVIII. Los Lorca, los Roldán y los Alba eran familias de labradores con aspiraciones, querían ser propietarios de los terrenos. Con la decadencia de la aristocracia pudieron comprarlos, pero tuvieron que unirse para pagarlos y para ello establecían matrimonios de conveniencia entre ellos para ampliar el patrimonio. Se convirtieron en una sola familia, en un clan. Pero en los años 20 y 30, llega el momento de dividirse las tierras y empiezan las rencillas", relata.

Además, estaba la división ideológica. El padre de Federico Gacía Lorca era un terrateniente, pero liberal. Y los Roldán y los Alba, conservadores. "Cuando el padre de Federico se presentó a las elecciones por el Partido Liberal para ser concejal en el Ayuntamiento de Granada, los Roldán entraron pistola en mano en el colegio electoral, echaron a todo el mundo fuera y llenaron las urnas de papeletas. Tuvieron que anular las elecciones, claro. Además, Horacio Roldán y Federico iban juntos a la Universidad a estudiar Derecho. Horacio estudiaba mucho, pero Federico era el niño bonito de Fernando de los Ríos y la envidia que le tenía era atroz".

Un cúmulo de agravios y rencillas entre estas familias condujo al asesinato de Lorca, según esta versión. "La gota que colmó el vaso fue La casa de Bernarda Alba -que Lorca terminó de escribir poco antes de su muerte-. Esa venganza literaria de Lorca fue el desencadenante directo de la detención de Federico", añade Caballero.

Y aquí entra Juan Luis Trescastro, el hombre que se jactó en un bar de Granada de haber matado al poeta: "Acabamos de quitar de en medio a García Lorca y le hemos dado el tiro de gracia en el culo, por maricón". Trescastro estaba casado con una prima del padre de Lorca y era el padrino de la hija mayor de Ramón Ruiz Alonso, que manejaba las temibles Escuadras negras y acude a detener a Lorca a casa de los Rosales. El asesinato de Lorca se debió a rencillas familiares", concluye Caballero.

La excavación en Alfacar sí parece haber descartado, sin embargo, que la familia Lorca hubiera enviado a alguien a recoger el cuerpo del poeta porque los expertos no han hallado indicios de que allí hubiera habido enteerramientos.

Caballero piensa que Lorca podría haber sido trasladado al Valle de los Caídos. "No se puede descartar. En Granada se abrieron fosas para trasladar cuerpos al Valle de los Caídos y la de Lorca pudo ser una de ellas". No es el único que piensa en esta hipótesis, ni tampoco en lamentar la imposibilidad, de momento, de comprobarlo.

Todo parece posible. Ahora más que nunca. "Me pregunto si existe alguna manera eficaz de llegar al fondo de este asesinato. No. Creo que no la hay. El secreto de esta muerte se irá a la tumba con los pocos que lo conocen", escribió Penón. Ha pasado más de medio siglo desde entonces.

(Cultura, El País, 20/12/2009)

sábado, 19 de dezembro de 2009

Não houve enterros!



(Local onde se acreditava estarem enterrados os restos de Lorca)

Memoria revisada de García Lorca

"Nunca hubo enterramientos"

Los restos de Federico García Lorca no fueron sepultados en el paraje de Alfacar -

El informe de las excavaciones abre el camino para reescribir la muerte del poeta

J. MARTÍN-ARROYO / V. CORTÉS - Granada - 19/12/2009

La ciencia barrió ayer de un plumazo las teorías y las numerosas especulaciones y testimonios infundados sobre el paradero de los restos del poeta Federico García Lorca. Vecinos e historiadores habían fijado durante décadas el paraje de Alfacar (Granada) como la zona donde fue fusilado y enterrado el poeta español más universal.

La ciencia barrió ayer de un plumazo las teorías y las numerosas especulaciones y testimonios infundados sobre el paradero de los restos del poeta Federico García Lorca. Vecinos e historiadores habían fijado durante décadas el paraje de Alfacar (Granada) como la zona donde fue fusilado y enterrado el poeta español más universal. Pero ayer los arqueólogos arrojaron luz sobre tanto misterio. Homenajes, emociones y besos sobre el terreno se volvieron papel mojado. Fallaron los testimonios orales, los pilares de un castillo de arena construido año tras año. Sobre él se apoyaban cuatro familias para pedir la exhumación de restos. Al final, La Junta de Andalucía, accedió.

"No se han hallado restos humanos. Hay evidencias científicas que demuestran que nunca hubo enterramientos en esa zona", zanjó ayer la consejera andaluza de Justicia, Begoña Álvarez. La constatación de que en los 400 metros cuadrados donde se ubicó la fosa más célebre de la Guerra Civil sólo hay arcilla y rocas obliga a revisar un oscuro pasaje sobre el que han circulado decenas de historias. Pero casi ninguna certeza.

Durante los últimos dos meses los sedimentos han hablado para desmentir a la mayoría de expertos. Y ni rastro de restos óseos. "No ha aparecido ni un solo hueso, ni ropa, ni casquillos de bala. Se ha cribado el terreno palmo a palmo", aseguró Álvarez. A continuación, el arqueólogo jefe de las excavaciones, Francisco Carrión, sentenció: "La posibilidad de que ahí hubiera algo es ninguna. Ni un sólo gramo de información".

La principal evidencia científica que descarta los enterramientos en el perímetro acotado es que la distancia media entre la superficie y la roca localizada es de 40 centímetros. Y una fosa de cadáveres siempre necesita al menos 1,5 metros de profundidad. El georradar había rastreado unos 1.000 metros cuadrados y localizó seis movimientos de tierra con posibilidades de que fueran fosas en un perímetro de 400 metros. Finalmente, un equipo de cinco arqueólogos peinó 276 metros cuadrados y extrajo 75 metros cúbicos de sedimentos. No apareció ni la más mínima señal.

Antes incluso de que arrancaran las excavaciones, se localizó un impacto de bala en una roca al descubierto y los investigadores olían la emoción y el vértigo de asomarse al pasado de un mito. Sin embargo, el desánimo cundió a medida que las supuestas fosas se difuminaban. Tras un mes y medio la evidencia se impuso, pese a que la esperanza de encontrar algunos restos se mantuviera hasta el último respiro de las excavaciones.

Las fotografías de los trabajos muestran la arena del terreno escrutado que rodea al monolito erigido en recuerdo del poeta. En ellas se contemplan restos de un viñedo, los olivos históricos supuestos testigos del fusilamiento y sectores vallados donde la profundidad oscila entre los cinco y los 80 centímetros.

¿Y ahora qué? La pregunta resonó ayer en Granada pero la respuesta no será inmediata. Como casi todo proceso científico, la contestación se dilatará en el tiempo. Ahora comienza una labor metodológica de revisión de fuentes, documentos que aclaren por qué la mayoría de investigadores apuntaron a un lugar señalado en origen por Manuel Castilla, Manolo El Comunista. "Nos toca ver dónde está el fallo, pero a nivel interno. Hay que volverlo a estudiar todo y confirmar todas las teorías. Fundamentalmente, la comisión de investigación creada antes de instaurar el parque", opina Maribel Brenes, historiadora y presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada. Lo más "doloroso" fue comunicar a los familiares que habían solicitado la búsqueda que no se ha hallado nada, reconoció Brenes.

Los allegados del maestro Dióscoro Galindo se desmarcaron al final de la petición por discrepancias internas. Por su parte, la familia de Lorca,que no era partidaria de abrir la fosa, finalmente no se opuso y se reservó el derecho a identificarlo en el caso de que apareciera. Los herederos del poeta afirmaban que no deseaban que la exhumación se convirtiera en un espectáculo mediático.

Los investigadores no descartan que el cuerpo se encuentre en los alrededores del parque. Todas las posibilidades están abiertas, pero localizar los restos de Lorca, el maestro Dióscoro Galindo, los banderilleros Joaquín Arcollas y Francisco Galadí, el inspector Fermín Roldán y el restaurador Miguel Cobo se presenta como un enigma de dimensiones extraordinarias. Descartada la tesis de historiadores como Ian Gibson, Brenes apunta a indagar en las teorías de investigadores como Eduardo Molina Fajardo, que señaló otros emplazamientos distintos del parque de Alfacar. "Hemos visto mapas militares de los años 40 con distintos barrancos", abundó Carrión.

La Junta no considera un "fracaso" esta intervención arqueológica. Es más, lo contempla como un "impulso" para seguir trabajando en la recuperación de la memoria histórica. Tras el informe arqueológico preliminar avanzado ayer, los técnicos formalizarán un estudio exhaustivo con las conclusiones para despejar más dudas. A continuación, Brenes presentará su informe para recomendar qué hacer y cómo ampliar las investigaciones. En cualquier caso, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada -a petición de familiares- será la que propondría a la Junta la apertura de nuevas fosas, pero siempre que se acredite con documentación historiográfica las sospechas de que el eureka puede saltar en una zona determinada. Tras el reciente fracaso en cuanto a la aparición de restos humanos, es obvio que los requisitos para autorizar una nueva excavación serán más exigentes. En este caso, la Junta de Andalucía ha concedido una subvención de 70.772 euros.

Mientras, los expertos descartan explorar otras fosas cercanas, como la del barranco de Víznar, porque se estima que alberga cientos de cadáveres de represaliados de la Guerra Civil y los sedimentos se han hundido debido a las corrientes de agua subterránea. La individualización de los cuerpos en este lugar de enterramientos sería aquí casi imposible. "Esto es cirugía, y para llegar a la fractura de un hueso no podemos dañar el músculo. La historia no se escribe en un día", subrayaba Francisco Carrión.

(Cultura, El País, 19/12/2009)

sexta-feira, 18 de dezembro de 2009

Os restos mortais de Lorca



Los restos de Lorca no están en la fosa de Alfacar

El informe sobre la búsqueda se hará público hoy

JAVIER MARTÍN-ARROYO - Sevilla - 18/12/2009

El poeta Federico García Lorca no está enterrado en la fosa de Alfacar, a nueve kilómetros de Granada. Los arqueólogos, tras mes y medio de excavaciones infructuosas, han concluido que los restos de Lorca no yacen en la zona donde se creía desde hace 73 años.

El poeta Federico García Lorca no está enterrado en la fosa de Alfacar, a nueve kilómetros de Granada. Los arqueólogos, tras mes y medio de excavaciones infructuosas, han concluido que los restos de Lorca no yacen en la zona donde se creía desde hace 73 años. Uno de los capítulos más tristes de la Guerra Civil española toma otro rumbo. "No se ha encontrado ningún resto humano. A partir de ahora se tendrá que escribir la historia con datos científicos. Se acabaron las especulaciones", avanzaron ayer fuentes de la investigación.

Los detalles se desvelarán esta mañana. Pero la certeza de que los restos del poeta no están donde los libros dictaban, es total. Durante 51 días los arqueólogos peinaron el perímetro vallado a la búsqueda de alguna pista del fusilamiento y posterior enterramiento. Sin rastro de restos humanos. "Se ha cribado la tierra hasta donde se ha podido", afirmaron estas fuentes.

El relato de siete décadas y sus testimonios orales y escritos apuntaban a que Lorca fue fusilado y enterrado en el paraje de Fuente Grande, en Alfacar. Lo que no admite discusión es que el poeta fue asesinado en este lugar. Dado que los restos no han aparecido, quedan dos posibilidades: que Lorca fuera enterrado en la zona y posteriormente se trasladase el cadáver, o que nunca fuera inhumado en ese paraje.

En cualquier caso, una de estas dos tesis reescribirá este trágico episodio a partir de esta mañana, cuando la consejera andaluza de Justicia, Begoña Álvarez, presente un informe preliminar con los resultados de la excavación.

El Gobierno autonómico ha dado por finalizada la búsqueda esta semana pese a los retrasos que la nieve y el frío habían ocasionado a los trabajos. Las zonas excavadas están ya cubiertas tras el intenso trabajo que los arqueólogos han desarrollado. Unas excavaciones cuyos resultados han estado blindados este tiempo por contratos de confidencialidad.

"No se trata de llenar Granada de agujeros (...) Los datos históricos que tenemos nos llevan al parque", recordaba la semana pasada el comisario de la Memoria Histórica de Andalucía, Juan Gallo. Por ello, los responsables de la investigación descartan abrir nuevas fosas en las zonas cercanas al parque de Alfacar que identificó el georradar.

La Junta andaluza subvencionó las excavaciones tras las peticiones de las familias de quienes fueron fusilados junto a él: el maestro Dióscoro Galindo, los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, el inspector de tributos Fermín Roldán y el restaurador Miguel Cobo. Ahora, tras la falta de resultados, la excavación sólo se trasladaría a otros parajes si la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) aportara documentación que acreditara que los restos de estas personas están enterrados en otra localización.

El autor del libro Lorca, el último paseo, Gabriel Pozo aseguró que la fosa de Lorca está mal ubicada porque Manuel Castilla, Manolillo, confesó que no estuvo allí el día del fusilamiento y que a Ian Gibson le señaló "el primer lugar que se le ocurrió". Finalmente, el estudio científico no ha podido aquilatar con certeza absoluta que las marcas encontradas en una roca de la zona se deban a impactos de bala, aunque es la opción más probable, según los expertos. Esta roca fue uno de los elementos que llevaron a la Junta de Andalucía a excavar en la zona.

La protección del terreno fue sagrada hasta que se iniciaron las excavaciones el pasado 29 de octubre. La Diputación de Granada adquirió hace décadas los terrenos para evitar presiones inmobiliarias a particulares cuando el lugar fue señalado por investigadores y testigos como la zona más probable del enterramiento.

A partir de ahora se abren una infinidad de interrogantes para los historiadores. Desde la ubicación exacta de dónde se enterró el cuerpo del poeta y de las otras víctimas, hasta si fueron trasladados y quién los exhumó.
(Cultura, El País, 18/12/2009)

quinta-feira, 17 de dezembro de 2009

Se parar de filmar, morrerei!



"Si paro de rodar, me muero"

El director portugués Manoel de Oliveira, decano del cine mundial, estrena a los 101 años su nuevo filme - Ya prepara el siguiente, con la actriz Pilar López de Ayala


GREGORIO BELINCHÓN - Oporto - 17/12/2009

Encima de la mesita del salón, entre decenas de papeles, hay un folleto titulado Ventajas de Internet. Si llama la atención en la estancia, un salón luminoso en el quinto piso de un bloque en el mejor barrio de Oporto, es porque el apartamento pertenece a Manoel de Oliveira, el director de cine portugués.

Encima de la mesita del salón, entre decenas de papeles, hay un folleto titulado Ventajas de Internet. Si llama la atención en la estancia, un salón luminoso en el quinto piso de un bloque en el mejor barrio de Oporto, es porque el apartamento pertenece a Manoel de Oliveira, el director de cine portugués que el pasado viernes cumplió 101 años y que lleva desde inicios de los años noventa filmando una obra por año. Bien un documental, bien una película, bien algún corto conmemorativo, el caso es que Oliveira no descansa. "¿Que si pienso en parar? Tengo en mente un montón de proyectos. Ahora bien, no sé si la vida me va a dar para hacerlos todos". Y sonríe. Oliveira empezó como actor cuando el cine era mudo, filmó su primer documental, Douro, faina fluvial, en 1931 y dirigió su primer largo de ficción, Aniki-Bóbó, precursor del neorrealismo, en 1942. Si no ha acumulado una obra desaforada es porque la dictadura de Salazar cercenó su carrera. Ahora está en pleno desquite.

Y como ejemplo, mañana estrena en España Singularidades de una chica rubia, una visión muy irónica de los problemas morales y económicos de la burguesía y el atontamiento que provoca el amor pasional. "El filósofo Spinoza decía que creemos que somos libres porque ignoramos que nuestros actos son comandados por las fuerzas más oscuras. Y Ortega y Gasset, que cada día me gusta más, habla del hombre y sus circunstancias. Esto define lo que pienso de la pasión". Oliveira se ha basado en el primer relato que escribió su compatriota Eça de Queirós, que el cineasta ha trasladado del siglo XIX al XXI. "Toda la ironía que ves en el filme ya estaba en el relato. Por eso me atrajo".

En cualquier caso, Oliveira, de salud de hierro, que echa a andar por un pasillo a ritmo más que ligero y que usa un bastón como mero elemento decorativo, ya está pensando más en su siguiente proyecto. Mientras atardece en un miércoles lluvioso en su Oporto natal, al cineasta se le hace la boca agua pensando en que pronto empezará a rodar El extraño caso de Angélica: "Es un guión que escribí en los cuarenta, que se publicó en los cincuenta y que ahora he retocado. No puedo parar de rodar. Si lo hago, me aburro y me muero".

Durante hora y media de charla, hasta que una de sus hijas interrumpe -su padre la echa con cajas destempladas y finalmente recuerda que el periodista debe coger un avión-, Oliveira habla de política ("España parece que no mira a Portugal, pero lo hace. Yo tengo premios de todas las zonas españolas y siempre me han atendido bien") y de Jesucristo. Todas sus respuestas las arranca con una historia que parece no tener relación hasta que la lleva a su redil dialéctico. Y muchas de esas anécdotas son bíblicas y sobre el perdón, eso sí, con mucha socarronería. Así que cuando se le cuenta que su productor español, Luis Miñarro, asegura que trabajar con él es como trabajar con Luis Buñuel, Oliveira apunta: "Era otro creyente descreído. Sin el catolicismo no existirían las películas de Buñuel".

¿Y el folleto de la mesa? "No sé si Internet es bueno. La vida moderna aumenta la capacidad mecánica sin mejorar la habilidad del hombre. Acabamos dependiendo de la máquina. Antes cultivabas la memoria, otras habilidades... Piense en los grandes exploradores, como Cristóbal Colón, que se lanza a intentar llegar por el otro lado a la India. Sin ordenadores, basándose en su intelecto".

Con los años, Oliveira ha decidido mantener fija la cámara, rodar con planos fijos, él que en su juventud apostaba por montajes rápidos. "Cuando empezó el cine, los Lumière querían dar movimiento a las fotografías, que son fijas. El asunto está en mover lo que está dentro del cuadro, no mover el cuadro. El tiempo no tiene movimiento, sino que el movimiento está dentro del tiempo. A mí me costó aprenderlo". Oliveira arranca a gesticular. "¿Tú mueves la cabeza a lo loco para mirar algo? No, las cosas se mueven delante de ti, y tú las sigues a veces en una panorámica. Eso de los directores que alardean de trucos técnicos... no, no. Un director portugués dijo que escuchaba los comentarios del público a la salida de sus películas. Si decían que se notaba que había un gran realizador, malo. Si decían que era un gran filme, se ponía contento. Pues eso. La técnica no pertenece a la expresión. Y el arte sí pertenece a la expresión, a la vida. El arte es pensamiento, imaginación, sentimiento... Ahí no entra la técnica". Y aprovecha para dar una clase de historia: "El cine se basa en el realismo de los Lumière, en la imaginación de Méliès y en la comicidad de Max Linder. Y no hay más. En realidad, el teatro es más honesto que el cine, porque no te engaña con sueños, voces en off o pensamientos de los protagonistas. Lo que está ahí lo ves. Muchos no estarán de acuerdo conmigo, ¿verdad? Yo antes veía mucho cine. Ahora...".

¿Piensa en la muerte? "Un poeta portugués dijo que el espíritu escapa cuando respiramos. Vi morir a mi padre, vi su último suspiro. Y en ese soplo se iba su espíritu. Ahí pierdes tu personalidad, queda la materia inanimada. También dicen que en esa expiración se iba la maldad, hay expiación. Así que cuando fallezca, en ese suspiro último al fin podré perder toda mi maldad".

(Cultura, El País, 17/12/2009)